domingo, 21 de agosto de 2011

Kilos

- ¿Si pesara trescientos kilos me seguirías queriendo?

Bam. La pregunta de las vacaciones. Precisamente hoy, que se me acaban y que empiezo a ver cómo se abre el ascensor en la planta doce y que me ciega aquel resplandor blanco de lo que hay que hacer y que tú desaparecerás casi todo el día y que te veré cansada y aparentemente seria y terriblemente bella y que luego volverás a desaparecer.

Precisamente hoy, me haces esa pregunta.

- ¿Si pesara trescientos kilos me seguirías queriendo?

Ante mi silencio, repites. Ya te escuchado, aunque me falte la función fática en los gestos y tenga la memoria corta y el entendimiento poco capaz, pero a veces prefiero precipitarme a la tumba antes que contestarte. Como aquella vez que arqueaste las cejas y me interrogaste sobre filosofía alemana o cuando te dio por repasar los fundamentos teóricos de tus preocupaciones más genuinas.

- ¿Si pesara trescientos kilos me seguirías queriendo?

Sé, cariño, que se te ha ido la mano con el jamón este mes, pero para qué están las vacaciones si no. Te miro y remiro y pienso en las gambas, las navajas y chipirones, los solomillos de ternera y aquellas botellas de vino en los merenderos de mediados de agosto, y en lo felices que brindamos por Orwell con cava extremeño, que era lo único que había. No estaba mal, por cierto.

- ¿Si pesara trescientos kilos me seguirías queriendo?

Te respondo por fin, por huir del modo interrogativo y calmar la ansiedad y la generación de ficciones inútiles.

- Si te quiero con cuatrocientos, te querré también con trescientos. El amor no se disuelve en la grasa.


2 comentarios:

mariajesusparadela dijo...

Escribes poco, pero es tan bueno cuando lo haces...

Ylka Tapia dijo...

Por un momento pensé que arriesgarías tu vida, pero fuiste muy hábil en tu respuesta.

 
Creative Commons License
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.