Loop
Entonces entró en un loop y para salir de los loops no son suficientes ni los viajes, ni los cuentos, ni siquiera unas pinturas Plastidecor con las que dibujar el futuro. Para salir de los loops hay que atreverse a buscar lo inhóspito, aunque sea en contra de toda ética y biología, dejar de pedir siempre yogur de postre, apuntarse a un club de fans, pasarse a la Pepsi, besar a desconocidas.
Y a las conocidas también. Y a las que le sonaban de vista.
Era como tomar vermut para aliviar la resaca, dejar de comer por haber comido, eliminar una ansiedad con otra o calentar más la atmósfera con el aire acondicionado. Los loops tienen esas cosas. Y él estaba en un loop en el que cada vez entraban más instrumentos. Instrumentos imperfectos y colesterol del malo.
El suyo era un loop civilizado, de un automatismo elegante y educado, que pedía permiso y gracias hasta cuando le pisaban. Era un loop un poco opaco, que, como las cosas opacas dicen en su definición, no dejaba entrar la luz y se dormía agotado antes y después de comer. Era igual que aquellos dibujos de ilusiones ópticas que la gente todavía manda por correo electrónico creyendo que son originales y son los de siempre, porque la gente no lo sabe, pero también han entrado en loops y no saldrán de ellos al menos que tiren cócteles molotov contra su propia existencia y busquen los puntos álgidos de la nada más cerrada, y así en un loop conseguirán extinguirse, a pesar de los coches deportivos, de las tetas de silicona, de los gin-tonics.
Entonces entró en un loop y para salir de los loops no son suficientes ni los viajes ni los cuentos, ni siquiera unas pinturas Plastidecor para dibujar el futuro. Para salir de los blogs hay que atreverse a escribir
Stop.








