Efecto placebo
La filósofa se refugió en los brazos de otro y dejó a Platón en la estantería. No se aferró después a la idea de culpa, sino que se convenció de que la vida amorosa familiar no era para ella, y de que haber caído seducida por la seguridad la había vuelto lánguida, melancólica y desganada. Ahora, antes del orgasmo, en la cama de su amante, no quería dejar de hacerlo nunca. La ilicitud lo volvía todo lenguas. Se sentía en regla con sus sentidos. Volvía a notar que tenía piel. Le gustaba esclavizar y sentirse esclava.El matemático se refugió en sus brazos después de dejar a Kepler en la pila de las novelas y quedándose sólo con su epitafio, midiendo los cielos y las sombras, viendo brillar al espíritu y dejando descansar el cuerpo en la tierra. Ahora, antes del orgasmo, en la cama con su amante, no quería dejar de hacerlo nunca. Aspiraba a enamorarla hablándole de lógica y de Descartes. Se quedaba en sus ojos como en la llama de una vela.
Después del orgasmo, la filósofa dejó la cama de su amante y rescató a Platón de la estantería. Le habló al aire, cubierta de lágrimas, recordando el placer de la culpa y de dormir mal.





