sábado, 7 de febrero de 2009

Ser intelectual no tiene más que ventajas


A pesar de que, a ojos de todo el mundo, aquello pareció brotar de golpe, de un día para otro y sin aviso, causa o antecedente, en realidad el fenómeno se había comenzado a manifestar de forma progresiva a lo largo de toda la década anterior. Pero es que nadie se había fijado o quizás no se le había dado importancia que requería: se achacó a la selección natural, para algarabía de darwinistas y neoliberales, el hecho de que las universidades se comenzaran a poblar de brillantes doctores y que se sucedieran, casi diariamente, los avances decisivos en medicina, matemáticas y química. También en metafísica se alcanzaban conclusiones determinantes -como la inexistencia del imperativo categórico o el descubrimiento de una caverna platónica real en el municipio de Bornos, provincia de Cádiz-, así como en álgebra asociativa, en la que el cuerpo K pasó a denominarse cuerpo K sub-dos.

Pero pronto estos descubrimientos extraordinarios dejaron de ser noticiables, ya que tenían lugar demasiado a menudo. Ser superdotado era lo normal. En todas las familias había varios genios. Más del 85% de la población planetaria era considerada intelectual y quien más, quien menos, todos teníamos publicado algún artículo sobre el materialismo dialéctico, la física de partículas o el keynesianismo. Fueron desapareciendo de la programación televisiva los espacios de variedades, la telerrealidad y, finalmente, ¿Dónde estás, corazón? De hecho, y dado que el entretenimiento dejó de existir, subsistió una sola cadena, consagrada a los documentales de maravillas de la ingeniería y a las películas de Dziga Vertov.

Al poco, surgió una corriente sociológica y psicológica destinada a estudiar las causas de esta metamorfosis, que, tras ser aisladas, se limitaron a una sola, de índole fisiológico: el crecimiento exponencial de la masa encefálica en los individuos sometidos a las radiaciones de los teléfonos móviles. Este hallazgo acabó por desmontar las investigaciones que culpaban a los móviles de la formación de cataratas, la disminución de la producción de espermatozoides, los problemas de sueño, la amnesia, los tumores cerebrales y diversas alteraciones del ADN humano, y provocó un aumento espectacular en la venta de terminales. El caso extremo lo protagonizo una funcionaria de correos de Sao Paulo, que adquirió 67 teléfonos y en menos de una semana desmanteló la teoría de la relatividad, el teorema de Fermat y la Función L de Dirichlet.

Y entonces sucedió: un cartero de Minnesota que se había instalado en su rancho cinco estaciones transmisoras de ondas electromagnéticas reveló el sentido de la vida. Pero nadie le hizo caso.


20 comentarios:

Nébula dijo...

el ser humano prefiere retozar en la inquietud de la duda antes de acarrear con el peso de una certeza que a lo mejor no desea :_

Malalua dijo...

Jajaja, pues vaya con la raza humana: para una vez que encontramos la respuesta, la ignoramos para seguir buscando.

Me ha gustado mucho :P

José Bermúdez dijo...

Nunca te lo dije, pero en el subsuelo bornicho se rodó La fuga de Logan, así que no vas desencaminado.

¡Viva CORREOS!

Pepa Luna dijo...

Siempre supe que sería en un rancho de Minessotta donde se revelaría el sentido de la vida... Mi segunda opción era Ohio... Todo queda en casa...
Eres estupendo.

Terapia de piso dijo...

Saber mucho a veces no es tan bueno.
Definitivamente no. La ignorancia es en algunos casos un privilegio.

José Roberto Coppola

Liliana G. dijo...

Un futuro que podría ser cierto si no sabemos aprovechar como corresponde la tecnología de punta. ¡A desenchufarse! Muy buena sátira. Me ha divertido, pero ojo, también hace pensar...
Un abrazo, amigo.

Majo dijo...

Espero que, entre tanto trabajo "mental", nadie olvidara cómo se labraba la tierra...

Miss Morpheus dijo...

Si no hubiera feos, no existirían los guapos... Luchamos contra la ignorancia e incluso miramos con cierto desprecio a aquel cuyo coeficiente intelectual no supera o se encuentra en la media. Pero los contastes son necesarios. ¡Qué sería de nosotros si tuviéramos que desenvolvernos en un mundo de genios! Un simple niño podría acabar con el mundo con sólo darle a un botón de su ordenador... o quizá meteríamos todos la nariz en un libro tras otro y la falta de relación, comunicación y contacto entre humanos desembocaría en la extinción de la especie. Apostemos por "¿Dónde estás corazón?"... por ellos... por "nosotros"

Un beso.

simalme dijo...

Te has olvidado de Joe, el de McCain,seguro que hizo algo...

Anónimo dijo...

Ekscelente mi querido Fernando.

Madame Vaudeville dijo...

¿Cómo es posible? No conocía a Dziga Vértov, y eso que me gusta el género documental... Besos

Rosa dijo...

uy, ahora mismo tiro mi movil al contenedor de plásticos, o es al de baterías??. Bueno mejor lo guardo en un cajón.
Besos.

Eva dijo...

No es extraño, sin sentido se vive mejor ;-)

Diría que es un texto insuperable, pero no sería cierto, en cada entrada subes un escalón.

Carmen dijo...

el sentido de la vida?

siempre pensé que lo desvelaría un panadero.

qué bueno eres, Fer

AAN dijo...

Yo que apenas hablo por teléfono creo que sería de las tontitas de la sociedad, con una masa cerebral mucho más pequeña que el resto :s.

Besillo!

Fidel dijo...

El texto me encanta. Relamente, estamos abocados a la estupidez.
Nos revolvemos de todas las maneras para evitarla y no nos damos cuenta de que nos estamos rebozando por ella más y más.

Fidel dijo...

Y mirando entradas más abajo me doy cuenta de que no era una ilusión:
te sigo.

JUACO dijo...

Hombre está visto que en este mundo en el que vivimos no se puede ser inteligente, es lo que sobra...jejejeje.
Cuando hay alguien inteligente lo tachamos por loco, y sin embargo creemos a los "zoquetes".
Un saludo. Muy bueno como siempre.

Diego dijo...

Deberías animarte a escribir alguna novela con temas como este, si es que ya no lo hiciste o lo estás haciendo. Hazlo antes de que Saramago o discípulos se den cuenta de que la idea es genial. Un abrazo.

manuel_h dijo...

seguramente, ni siquiera creyeron que realmente existiera un cartero, y menos en Minnesota!

 
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