martes, 22 de julio de 2008

Esperanza

Desde que se despidieron y ella le dijo aquellas dos palabras -no las que puede estar pensando el lector, sería propio de escritor haragán rendirse a ese tópico, sino un “te llamo” simple, directo y sencillo-, permaneció sentado junto al teléfono.

El primer año pasó deprisa, ya que le amenizaron la espera varios vendedores de enciclopedias, de la compañía eléctrica e, incluso, el de un club de vinos, al que le compró un chardonnay de elegante factura y un delicado y penetrante merlot. Ella, por supuesto, no llamó.

Durante el segundo año, decidió cambiar los muebles de sitio y colocó la cama al lado del teléfono. Esto le permitió dormir en horizontal, hábito que no había practicado desde que ella pronunciara esas dos palabras. Por mayo tuvo un momento de lucidez y se levantó para acercarse a la ventana y mirar el patio de abajo, donde correteaban unos chiquillos en pantalón corto. El contacto con el mundo exterior le hizo olvidarse, por unos minutos, de su tarea, y cuando sonó el teléfono –cursos de inglés por correspondencia- por poco no le da tiempo a cogerlo. Pero ella seguía sin llamar.

Al tercer año su mejor amigo le regaló un teléfono inalámbrico. La verdad es que ese detalle le proporcionó una gran movilidad y dejó de utilizar el orinal que le había acompañado durante los más de 750 días anteriores. Ahora podía esperar su llamada en el balcón, en la cocina, tumbado en la cama o subido a la bicicleta estática. Sin embargo, ella no llamó.

El cuarto y quinto año transcurrieron a la vez, y él se tuvo que hacer a un lado. No sonó demasiado el teléfono, aunque sí tuvo dos visitas que le aliviaron el silencio. Ella no llamó, tampoco en el sexto y el séptimo año, y así se fueron sucediendo las décadas, y él seguía junto al teléfono y ella seguía sin llamar.

Cuando, en su lecho de muerte, estaba por perder el último aire que le quedaba en el cuerpo, el teléfono sonó. Utilizó ese oxígeno para descolgarlo, pero no llegó a contestar. Murió antes de pronunciar una palabra.

Y no, no era ella. Se habían equivocado.

17 comentarios:

Mariana R. Eguaras Etchetto dijo...

Me gustaría que en el próximo relato incluyeras las excusas/razones por las que año a año ella no lo llamó. ¿Tal vez hacer un decálogo? Hay taaaantas que se podrían incorporar ¿no?
Fins ara!

contraportada dijo...

Hay q tener cuidadito con lo que se dice...

No se me ocurre tema, estoy prevacacional total y el cerebro no me da más que para cosas como el último arrebato de la Contraportada :)

Pero si se te ocurre algo me lo llevo de deberes para las tardes de playa... :) que nunca está de más algun quehacer así.

Por cierto, te has fijado en los pendientes del dibujo? Mírala a los ojos!

besos

contraportada dijo...

Copio y pego (que he contestado en mi blog...)

El tema piscina es todo un mundo pero no sé si me inspira mucho… jeje

Una cosa q me ronda la cabeza es la percepción que tiene cada uno de su propia vejez/envejecimiento/crecimiento/maduración y cómo la compara la de los demás…

Es un gran tema, un poco denso quizás para los grados que hace pero… interesante?

contraportada dijo...

Vamos allá!
yo tb corro riesgo de repetirme, pero bueno... al final sólo hay tres temas no? como decía aquel...

a ver si sale algo bonito!
besos

Amelie Poulain dijo...

De ahí la expresión: "Morir esperando" :P
Ay! Mi joven Jaromil envió por correo una caja con veinte auriculares. Una supuesta idea maravillosa con la que pretendía mostrar el deseo de oir su voz. Una vez enviado, esa llamada suplicante se convertía en una devolución orgullosa de toda su espera. No propongo arrancar auriculares pero... paquete enviado!! ;)
Besicosss

Sweetcide dijo...

Qué paciencia, eso que yo no tengo :P. Si al final hubiera llamado yo me emocionaría con tu relato como en el "04x05 The constant", pero es que eres taaaaan realista :P

Anónimo dijo...

La esperanza es el único bien común a todos los hombres. Los que todo lo han perdido la poseen aún.

Hans_Christian_Andersen dijo...

Fer, te he dejado una sorpresilla en el blog a ver que te parece. ;)

Diego dijo...

Pandora debería haber dejado que la esperanza saliera como el resto de los males... quizá así se hubiese confundido entre los demás y ahora no le daríamos el lugar privilegiado que tiene. Hay un cierto regusto kafkiano el texto, como en Ante la ley. Tu personaje también espera durante toda la vida que, de algún modo, se abra una puerta. Muy buen texto. Un abrazo.

manuel_h dijo...

ah, pero eso de "te llamo" no significa "adiós, no me llames"??????

simalme dijo...

Te olvidaste de decir que se cortó el pelo...

Anónimo dijo...

¿Y cuál es el motivo por el que él no llama?

LILITH dijo...

Es lo primero que leo tuyo, me ha gustado mucho, escapa de los tópicos con pequeños detalles q hacen verosímil lo que no lo parece.

Un saludo,

Lilith

Ego dijo...

Santa Mare...
Cruzo los dedos y toco madera por no verme así. Pero, qué narices, si ya me he visto así...
Tú y tu capacidad de hacer bello lo horrible, vaya don.
Un (b)eso!

Madame Vaudeville dijo...

Con lo obsesivo que era este hombre, no me extraña que ella no le llamara nunca jamás!!! Qué miedito!!!!
Gracias por ese don para transformar algo muy triste en algo tan divertido. Besos

ANA PÉREZ dijo...

Vaya...
Me gusta mucho cómo logras meter al lector en la historia desde el primer párrafo y cómo nos mantienes en vilo mientras la historia evoluciona caprichosamente.
Nuevamente genial!

AAN dijo...

... Pobre ... Es un relato sencillamente perfecto...Ya no bajo más :P

 
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