domingo, 9 de noviembre de 2008

Lluvia


L’amour est une personne qui souffre et une autre qui s’enmerde, me dijo con su perfecto acento francés pasado por Andalucía, Canarias y Chile y con aquella convicción que la caracterizaba. Aquella convicción como un cuchillo. Nemequittepas, le iba a decir yo entre sollozos.

Y justo en ese momento se desató la tormenta. La lluvia comenzó a caer, primero indiferente, luego en voz baja, después eléctrica, al final de forma sólida. Así que tuvimos que correr a refugiarnos en los soportales de la Plaza Mayor. De hecho, todo el mundo lo hizo y el lugar se convirtió en un campo de extraños calados hasta los huesos y apelotonados en un espacio minúsculo.


Me asusté. No lo digo sólo por la tormenta, ni por los extraños que me rodeaban y me tocaban, sino por la cercanía de una ruptura que, además, estaba salpimentada con rayos y truenos y caras desconocidas. Una situación muy teatral: dos amantes a punto de convertirse en examantes y cientos de testigos de un incendio en medio de la lluvia. Ahora, en la multitud, sus argumentos eran sólo gestuales y mis súplicas, sólo desesperadas. Arqueó las cejas en señal de tristeza. A mí me sólo me salió una mueca de ahogo.


El chaparrón se disolvió. Se hizo eléctrico, luego transparente y después sólo caía agua en voz baja. Cuando dejó de llover, los extraños se desperdigaron de forma efervescente. En los soportales de la Plaza Mayor quedó, de nuevo, el silencio y el vacío. Me volvió a resonar en la cabeza aquella frase en su perfecto francés pasado por Madrid, Palma de Mallorca y Barcelona. Y le grité Nemequittepas. Pero creo que no me oyó. La multitud se la había llevado. Yo me quedé un rato, esperando a que lloviera.


16 comentarios:

Marian dijo...

"Sólo caía agua en voz baja". Muy bueno, caballero madrugador. Por lo menos la estampa acompañaba. Imagínese lo patético que puede resultar que te abandonen un 25 de agosto tomando el sol en la playa de Cambrils, con un puñado de gente feliz alrededor y un sol radiante.

Besos domingueros

Nébula dijo...

jajajaj, bueno, con "guárdate de que te guarden" me refería más bien a "desconfía de que te protegan" o algo parecido, ya sabes, decepciones y demás n_n

coincido con Marian, me ha encantado eso de "sólo caía agua en voz baja", a veces como un murmullo...

Nébula dijo...

...a veces como un lamento


.*

Poma dijo...

Esta ruptura y la que te escribió un anónimo hace muchos meses me han encantado, leerte me la recordó!

Y entonces, la furia inverniza que se encontraba agazapada y contenida fuera se desató de golpe enfurecida, rompiendo en su ventisca energúmena los cristales de todas las ventanas del hotel; inundando el lugar de una gélida nieve negra que comenzó a manchar también de azabache las sábanas de Victor y Leo. Durante esa noche no cesaron de nevar negruras que venían de un encapotado cielo embravecido. Todo lucía un manto ceniciento congelado, la helada negra dejó a la ciudad envuelta en un silencio tan solemnemente fúnebre que ni siquiera las campanas de las iglesias se atrevieron a romper ese mutismo. La ciudad pasó a ser un doloroso camposando de hollín y acarbonado hielo.

Tristancio dijo...

Este relato cae a los ojos (y de ahí hacia dentro) como la lluvia que cuenta... es que las historias con finales tristes, con lluvia (y "nemequittepases") como banda sonora para paliar o acrecentar el vacío y el silencio, me pueden...

(Me pregunto cómo será ese acento francés pasado por Chile...).

Saludos.-

José Bermúdez dijo...

Si es que...

Posiblemente vuelva a brillar el sol donde esté ahora y recurra de nuevo a la lluvia que junto a ti la moja. Es lo propio de las cosmopolitas que visten de negro.

Me gustó mucho, coincido con todos en lo de "sólo caía agua en voz baja".

melina dijo...

No es odio solo es parte de la humanidad, si te das cuenta al final es como la forma de reprimir tal ira para no dañar son como entelequias mentales.

saludos.

simalme dijo...

Me gustó mucho.

Diego dijo...

"...sus argumentos eran sólo gestuales y mis súplicas, sólo desesperadas." Terrible. Estuve buscando otro relato en donde el protagonista repetía ese "nemequittepas" estremecedor, así, escrito todo junto, pero no lo encontré. Un abrazo.

Mary dijo...

... el que más y el que menos hemos dicho alguna vez "ne me quitte pas", aunque a veces esa voz no salió del cuerpo...

Mary

Miss Morpheus dijo...

Hay rupturas tan inesperadas como las tormentas. Llegan de pronto, y cuando cesan, continúas mirando el lugar en el que unos minutos antes no había ni rastro de agua... Sin procesar lo que acaba de ocurrir.

Tantas maneras de caer la lluvia como reacciones ante o durante una ruptura: "indiferente, en voz baja, eléctrica, sólida, transparente..."

Un abrazo.

Bambu dijo...

Las rupturas pasadas por agua son las peores, sin duda, qué frío se queda uno.

Jesús dijo...

Efectivamente "Nan", tod@s somos CONTINgENTES. Me sobra esa letra entrometida y metomentodo, pero muchos DOMINgOS me he preguntado en qué momento, y por qué razón, tú y yo decidimos que muchas letras del abecedario nos quedaban grandes.
Desde entonces, escribo palabras tullidas pero llenas de sentido.
Gracias por tus clases de gRAMÁTICA; las echo mucho de menos.
Jesús ContinGente. Ses Illes,Nov,2008

manuel_h dijo...

tormentas!!!

Fauve, la petite sauvage dijo...

Las tormentas y la lluvia son muy malas para las rupturas. Suelen coincidir, solo que la cosa se va prolongando y la ruptura se da más adelante, cuando uno de los dos cree que la tormenta fue la fecha a celebrar de la ruptura y el otro que sin la tormenta no habría enfado ni ruptura y por tanto la causante de ella. Y volvemos a la primera frase, la que está en francés con tanta mezcla de acentos, e intento decirla.

Laura Rubio dijo...

Hola Fer, la lluvia ejerce un poder muy fuerte sobre la memoria emotiva, el agua corriendo desatada por las aceras, el olor a tierra mojada, el pelo humedo pegado a su rostro...nostalgia, melancolía y perdida. pERO TIENE QUE LLOVER.
Me encanta como escribes, leeme

 
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