domingo, 8 de junio de 2008

Delirium

Descubrió la fórmula mágica para hacer soportable su vida, a base de roncola y valiums mezclados en un vaso de tubo. De esta forma, los días pasaban sin apenas consciencia, en medio de un humo azul ardiente, entre el agua, la nada y la muerte. En ese trance llegó a descubrir tres sexos y un día vio a un dios que le sugirió hacer carrera como conductor de calesas, escritor surrealista o portero de lupanar. Precisamente a esto último es a lo que se dedicó a partir de ese caluroso julio. Comenzó a no dormir por la noche y los días los consagraba a elaborar vino casero, ya que, después del insomnio y las prostitutas, se sentía muy dotado para manipular el mosto de la uva. El resultado, de gran calidad, lo comenzó a regalar entre sus amistades nocturnas: un piloto de hidroaviones narcoléptico, uno que se creía Shakespeare o Ricardo III y una ingeniera química bielorrusa, engañada por las mafias en su país de origen y prostituta desde los 22 años. También quiso obsequiar con un par de botellas a un lama tibetano que frecuentaba la casa de lenocinio, pero éste no lo vio adecuado, acostumbrado como estaba al ayuno de cuerpo y mente.

Lo que comenzó como una afición diurna para olvidarse de dormir, se convirtió en una fuente de ingresos cuando, después de diez años, de su bodega salió aquel Gran Reserva del 1998 distinguido con 98 puntos por Robert Parker. Fue entonces cuando la puerta del prostíbulo comenzó a llenarse de conocidos sumilleres, enólogos y esnobs que buscaban probar (algunos sólo oler) el poco menos que sagrado caldo. Con una actitud de elefante académico, el portero se negaba siempre a dar rienda suelta a la enofilia de los visitantes no sin que previamente hicieran uso de la casa de oprobio. Ésta se convirtió en la más famosa del país. Durante sus insomnios diurnos, el portero siguió haciendo vino, pero sólo de misa. El roncola y los valiums le habían convertido al catolicismo.

8 comentarios:

José Bermúdez dijo...

Quizás en mi época de monaguillo yo probara de ese vino. Lo refiero porque fui creyente hasta que el cura lo guardó bajo llave.

Geniales los clientes del lugar, sobre todo el lama tibetano.

Felicidades, Fernando, no bajas la guardia.

monsalud dijo...

Caray con la fórmula mágica.

Hay que reconocer que eres bueno relatando

:P

Alphonsus dijo...

Yo me he sumergido varias veces en ese humo azul ardiente, entre el agua, la nada y la muerte; es lo más parecido a la levitación, o lo que los místicos denominan: elevación, xanadú o nirvana.

Anónimo dijo...

Hacía tiempo que no te leía y veo que te estás soltando, me alegro. Escribes con la cabeza y escribes bien. Pero si escribieras con las tripas podrías llegar a ser bueno de verdad. No tengas miedo de usar el estómago. Me encantó Lula.

Besos

Hans_Christian_Andersen dijo...

Oye, creo que me tengo que pasar o bien por algun prostíbulo, o directamente lanzarme a las drogas y la religión... aunque... bueno, quizá otro dia.

Genial el escrito!!!

Amelie Poulain dijo...

Carai, Fer, si no fuese porque citas a Shakespeare y a Ricardo III, diría que la historia responde a cómo se sacralizó el vino :P

En cuanto el TCA (enfermedad del corcho) ataque a sus botellas... se borra de la Iglesia, Católica, Apostólica y ROMANA. Anda que no se lo montaban bien estos romanos, hasta que llegó el cristianismo!!

Hacer de Automedonte tampoco hubiese estado mal, que saber llevar las riendas tiene lo suyo!

Un texto genial!! Besicosss

manuel_h dijo...

buena elección, ahora que cada vez está peor visto eso del cigarrillo de después!

melina dijo...

Alo, es un gusto enorme leerte...

Me ha encantado como escribes, y ese estilo llevadero de misterio, fuera de lo cotidiano me da una sensación agradable.

Saludos fer.

 
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