domingo, 11 de noviembre de 2007

Deserción

Por un instante reinó el silencio. En la trinchera esto era noticia, acostumbrados como estábamos a los ruidos de amputación, a las explosiones de mortero, a los silbidos de la ametralladora. Antes, el cielo en ruinas ya había dejado caer un par de gotas que despejaron la bruma formada delante de los ojos de los soldados, hartos de tanto miedo. Ahora, la calma casi hacía daño en los tímpanos. No sé si fue sólo eso o también tuvo que ver el frío de tumba, pero parecía como si el tiempo se hubiese congelado, igual que en esas películas malas en las que los segundos se hacen minutos y los minutos no pasan. Incluso, si se prestaba atención, podía oírse el crepitar de los cadáveres en descomposición y la angustia avanzar como hiedra seca. Al poco, una risa áspera interrumpió la quietud. Era ella, vestida con un quimono japonés de color negro, que se paseaba por el campo de batalla con la serenidad que da saberse en casa. A pesar de llevar meses en el frente, no la había visto nunca aparecer de un modo tan desvergonzado. Y tan de cerca. Se acercó con paso seguro al teniente y, sin dedicarle el saludo reglamentario, le dijo cuatro palabras: “Estoy harta. Me voy”. Y se fue. Nos dejó con nuestra guerra, ahora más absurda que nunca, huérfana de muerte.

13 comentarios:

Anónimo dijo...

Jeje ese "ladrón de libros..."

Princess Valium dijo...

Es que cualquiera no se larga a la mínima de cambio. En una guerra, la pobre no debe dar a basto.
Besitos

P.D: Me gusta que vista quimono.

Carmen dijo...

eso debería hacer siempre.

Debería indignarse hasta la muerte, en cada una de las guerras.

Un beso

Gwynette dijo...

Me ha dado el pálpito que era la Muerte...aunque con kimono?- o_O

Besos un poco dormidos

Leuma dijo...

Parece que estos soldados no estaban en condiciones para atender a geishas, hizo bien en largarse, :), un beso

lila dit ça dijo...

llamame romantico pero sólo con quimono podia tomar esa decisión

adictaacruzarenrojo dijo...

Que bueno Fer...ya decía yo que qué pintaba una china por ahí de paseo...jaja
Muy bueno si...supongo que la muerte tiene derecho a morirse de aburrimiento o de miedo en la trinchera...
Un beso rojo

monsalud dijo...

Muy bueno. Me ha dado la sensación de que has restado un poco de frialdad a la figura de la muerte. De todas formas a mí me gusta más imaginarla al estilo y elegancia de Joe Black.

Por cierto, acabas de crear una crisis en la indústria armamentística, entre otras. Mi sueño hecho realidad. :)

Madame Vaudeville dijo...

Me gusta. Nada de mitificar a la Muerte ni de "encasillarla". Buen relato. Y una exótica Muerte...Un abrazo

Sweetcide dijo...

¿Y mi quimono, quia!!? :P

manuel_h dijo...

que la fusilen, por dios! (y a ti que los dioses te conserven la escritura)

Eva dijo...

Se le podría haber ocurrido antes la idea. Estas mujeres son tan imprevisibles...

Fantástico relato.

Mavi dijo...

La muerte como una mujer despreocupada y caprichosa en kimono, sí, podría ser sin duda.
Es normal que se aburra con tanto trabajo por hacer, si yo fuera ella también me habría, no se deben permitir los abusos en el puesto de trabajo.

Besos

 
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