domingo, 15 de mayo de 2011

Atchís


Hoy la vecina ha empezado a estornudar y no ha parado hasta que su cuerpo ha estallado como una sandía madura.

Más que “atchís”, que es lo que los tebeos nos enseñaron, hacía “agruf” repetidamente. Creo que he oído unos trescientos catorce estornudos seguidos en el lapso de veinte minutos. No exagero: he utilizado una aplicación de Iphone para contarlos y el número definitivo antes de la explosión era ése.

Agruf, agruf, agruf.

Y así hasta trescientos catorce.

Después se ha oído “agpof” y todo ha terminado; gracias al cielo, porque me estaba poniendo nervioso, y odio ponerme nervioso los domingos por la mañana. Antes había salido a mirar qué coño pasaba en el edificio de enfrente, porque tal frecuencia de estornudos no era normal, y ha sido justo en ese momento cuando el cuerpo de mi vecina se ha desintegrado. De forma violenta. No ha sido elegante. Se ha parecido a una de esas películas de serie B en las que pirañas devoran al género humano o un descuartizador norteamericano empala a adolescentes tetudas cerca de un lago. Nada agradable.

Pero después ha sucedido algo extraño. Como si no fuera ya extraño que tu vecina explote después de trescientos catorce estornudos, dirán ustedes.

Más extraño aún: los trocitos de mi vecina se han descompuesto en fragmentos más pequeños, casi invisibles, y han comenzado a flotar, suspendidos en una especie de corriente de aire (mágica, supongo) que los ha sacado del edificio y los ha esparcido por la comunidad de propietarios. Uno ha llegado a mi casa. Era igual que un grano de polen.

Soy alérgico, así que he ido corriendo a por los antiestamínicos.


3 comentarios:

Tristancio dijo...

De cómo fue que Juanito se resfrío, o cómo contar macabramente, al estilo tradicional de los cuentos infantiles, el origen de la gripe.

Saludos.-

Cris dijo...

Pobre mujer... Con lo bonita que es la primavera...

(Besitos)

ficticia dijo...

Dios mío, eres genial.
No recordaba que no debía leerte en horas laborales... así muero por no reírme.

 
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