miércoles, 27 de enero de 2010

Luz (IV)


Por mí caminan los señores de la luz, en busca de sus cronopios con los que cantar. Eso es lo que dicen, pero yo sé que lo que quieren es ir sin rumbo, hasta la vejez y la enfermedad y todo eso. Yo los pinto y los adorno como a mis mejores inquilinos, dejándoles toda mi fortuna durante ese ratito en el que recorren mi cuerpo, dotándoles de un aspecto barroco. Eso hasta que llega la sombra y todo queda en calma. Antes me da tiempo a mezclar los colores, a dotar de brillo hasta las cosas más pequeñas, como los diminutos señores de la luz. Los niños los miran fascinados, pasan su mano por mi cuerpo, intentando obstaculizar su tránsito hacia la nada. Pero se escabullen; son hábiles. Adoptan una postura camaleónica, interrumpen su centelleo y así se convierten en acróbatas momentáneos. Es bonito ver cómo se ondulan, se empequeñecen o, incluso, se rompen para huir de las manos de los niños que los persiguen. A primera vista parecen frágiles, un poco fuera de lugar, como turistas accidentales o buscadores de simulacros. Pero yo por mi cuerpo los siento corretear hábilmente, de safari por el aire, organizados, coherentes, uniformes. Aunque sin rumbo, alejados siempre de un destino que no existe. A la deriva, alejándose de las apariencias, a punto de caer en trampas. Y, cuando todo se calma, continúan su camino por mi cuerpo, y así seguirá siendo, hasta la vejez y la enfermedad y todo eso.


4 comentarios:

Isabel Martínez dijo...

La luz te inunda y emites lus, Fernando.
Un abrazo luminoso.

mariajesusparadela dijo...

Y yo, infeliz de mi, que creía que aún en la vejez podré tener algo de luz...

Rosa dijo...

Pues estos señores de la luz me gustan, y me gustan sobre todo por que se alejan de las apariencias. Que dificil es eso!!
Besosss

Julián Chappa dijo...

Fernando:

Lucidez luminosa la tuya. El más oscuro de los callejones mentales puede iluminar vidas enteras. Y la luz es lo más veloz que existe en el ínfimo fragmento de Universo que conocemos.
Te saludo desde las sombras de una pareja que contrasta y baila un tango entre penumbras, a contraluz.

 
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