miércoles, 20 de febrero de 2008

I would prefer not to

"Al principio, Bartleby escribió extraordinariamente. Como si hubiera padecido un ayuno de algo que copiar, parecía hartarse con mis documentos. No se detenía para la digestión. Trabajaba día y noche, copiando, a la luz del día y a la luz de las velas. Yo, encantado con su aplicación, me hubiera encantado aún más si él hubiera sido un trabajador alegre. Pero escribía silenciosa, pálida, mecánicamente.
Una de las indispensables tareas del escribiente es verificar la fidelidad de la copia, palabra por palabra. Cuando hay dos o más amanuenses en una oficina, se ayudan mutuamente en este examen, uno leyendo la copia, el otro siguiendo el original. Es un asunto cansador, insípido y letárgico. Comprendo que para temperamentos sanguíneos, resultaría intolerable. Por ejemplo, no me imagino al ardoroso Byron, sentado junto a Bartleby, resignado a cotejar un expediente de quinientas páginas, escritas con letra apretada.

Yo ayudaba en persona a confrontar algún documento breve, llamando a Turkey o a Nippers con este propósito. Uno de mis fines al colocar a Bartleby tan a mano, detrás del biombo, era aprovechar sus servicios en estas ocasiones triviales. Al tercer día de su estada, y antes de que fuera necesario examinar lo escrito por él, la prisa por completar un trabajito que tenía entre manos, me hizo llamar súbitamente a Bartleby. En el apuro y en la justificada expectativa de una obediencia inmediata, yo estaba en el escritorio con la cabeza inclinada sobre el original y con la copia en la mano derecha algo nerviosamente extendida, de modo que, al surgir de su retiro, Bartleby pudiera tomarla y seguir el trabajo sin dilaciones.
En esta actitud estaba cuando le dije lo que debía hacer, esto es, examinar un breve escrito conmigo. Imaginen mi sorpresa, mi consternación, cuando sin moverse de su ángulo, Bartleby, con una voz singularmente suave y firme, replicó:
-Preferiría no hacerlo.
Me quedé un rato en silencio perfecto, ordenando mis atónitas facultades. Primero, se me ocurrió que mis oídos me engañaban o que Bartleby no había entendido mis palabras. Repetí la orden con la mayor claridad posible; pero con claridad se repitió la respuesta:
-Preferiría no hacerlo.
-Preferiría no hacerlo -repetí como un eco, poniéndome de pie, excitadísimo y cruzando el cuarto a grandes pasos-. ¿Qué quiere decir con eso? Está loco. Necesito que me ayude a confrontar esta página: tómela -y se la alcancé.
-Preferiría no hacerlo -dijo."


Herman Melville, Bartleby, el escribiente (fragmento). La traducción, de Borges.

9 comentarios:

Eva dijo...

Bartleby es tan fascinante como deprimente. Me tocó de lectura optativa en 2º de BUP y lógicamente caí en su embrujo. Constato que no pasa el tiempo por el.

lila dit ça dijo...

jejeje, es una frase terapeutica "prefiero no hacerlo" y te ahorras en psicologos y movidas

Sweetcide dijo...

Eso que se dedique a traducir, :P

Besos motivados ;)

Mitácora dijo...

Pues te deseo suerte en la realización de tu obra. No seas demasiado exigente contigo mismo. Termínala, aunque pienses que no es de tu total agrado, pero es importante eso de empezar y terminar, lo de ver que puedes hacerlo; la siguiente te saldrá mejor. Disfruta, y sobre todo no te obsesiones con "triunfar", si lo haces lo más fácil es que termines quemándote. Pasos… Pasos… Vivir es dar pasos…

Mavi dijo...

Me acordaré de ese "preferiría no hacerlo", creo que me será muy útil si llego a ser capaz de usarla.

Besos

simalme dijo...

Qué ganas tengo de leérmelo, ya lo tengo pedido, siempre he oido cosas muy buenas.

Amelie Poulain dijo...

Bartleby, querido, te entiendo, entiendo que no quisieras.

Ayyy qué dolor!! Lo tuve entre mis manos!! Si el abrigo de tu post en rebajas estaba deprimido, no quiero ni pensar cómo se debe sentir el volumen de Herman Melville que reúne tres de sus grandes obras, entre ellas ésta, encuadernado en tapa dura (cómo sostenerse en pie en la estantería sino?) a 1 euro!!!!! Sí, lo habéis leído bien, un puñetero y mísero euro!!! Me indigna!!! Una muestra más de cómo la sociedad rechaza las tallas grandes, por no hablar del desprecio al paso del tiempo. Existen estúpidos que te encasillan en “temperadas anteriores”, como si un libro pudiese tener fecha de caducidad!! Y es que… este tipo de volúmenes perdieron todo su valor y prestigio al ser utilizados como herramienta de tortura en las escuelas, castigos estúpidos!! Ahora yace allí, en Sabeco, entre topes para puertas y libretas en blanco cuyas lágrimas compiten con las aguas que bañan a Moby Dick. Prefiero pensar que lo pasan de largo porque prefieren un “modelo” más austero. Siempre el formato “de bolsillo” lo había relacionado con el precio (calderilla), hay bolsos muy grandes y monisimosss. Sólo espero que no acabe sus días en un estante por eso de que: “con éste lleno la repisa antes”. Mientras permanezca allí, hay esperanza. Me preocupa el nuevo estilo de líneas vacías que se están imponiendo en el mundo de la decoración, quién determina que montañas de libros en las estanterías ya no sea estético?? Al menos, de este modo, por bulto, caía en manos de jóvenes lectores, casi sin querer, y era acariciado por amas de casa que le canturreaban haciéndole cosquillas con su plumero.

Yo te seguiré llorando, no cabían más libros en mi maleta, sé que entenderás que no es desprecio, bien sabes que te dejé porque te tengo en otra edición. Ahora merecen mi tiempo otros y necesito ese hueco, para una joven promesa.

“Preferiría no hacerlo” pero te echaré de menos. Mucho ánimo, Fer!!

Adriana Lara dijo...

quizás lo más parecido a la Maga que puedas encontrar, joven Rocamadour (dicen que todo hombre busca a su madre en las mujeres... obviamente me niego a creerlo)
Adri.

manuel_h dijo...

"Me encantaría, pero no me apetece", diría Phoebe Buffay algunos años más tarde.

 
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