jueves, 12 de noviembre de 2009

Blablabla


Tengo en la cabeza una frase genial, pero a estas alturas del relato más vale no malgastar frases geniales, porque sólo pensar que me quedan tantas líneas que escribir me entraría una ansiedad más que justificada, y cuando me entra ansiedad me sudan las manos y los dedos se me resbalan entre las teclas del ordenador y comienzo a utilizar demasiadas conjunciones copulativas e inevitablemente pienso en cópulas y eso me multiplica la ansiedad por cinco o seis mil y entonces sí que las teclas adquieren vida propia y asdfgñlkjh, porque las teclas no saben escribir más que eso, y también qwerty, blablabla e incoherencias semejantes que no llevan a ninguna parte, como tú y yo, que tampoco sé si vamos a alguna parte, como las teclas de mi ordenador cuando me resbalan entre los dedos y se mezclan entre sí y adquieren una poderosa y adulterada inercia que me lleva i-ne-vi-ta-ble-men-te a tus caderas con aquellos pantalones exagerados; no, no es sobre tus caderas la frase genial, y aún es pronto para usarla, porque todavía estamos por la mitad del relato y aún queda mucho por delante, y muchas vueltas y visitas al diccionario y distracciones en forma de ventanas que se abren, que a veces querría dejar los sentidos aparte cuando escribo y te pienso, y te siento y te busco y me pierdo a pesar del vértigo que me da cuando me miras y me haces preguntas y me reduzco a un estadio muy primario de mi evolución, cuando no se me ocurrían frases geniales y sólo me salían balbuceos prendidos con chinchetas, y me dan ganas de meterme en un espacio dentro de otro espacio dentro de otro espacio y de construir varios muros entre tú y yo, y colocar cámaras de videovigilancia para que no se te ocurra nunca más mirarme de esa manera en la que me miras, como si nunca hubieras mirado a nadie antes, atándome de pies y manos y agobiándome las metáforas y reduciendo a ruinas mis frases geniales; y de éstas me quedan pocas, muy pocas como para gastarlas en relatos que no hablen sólo de ti y de tus caderas y de esa mirada que me ata de pies y manos y me agobia las metáforas y no me deja escribir sin pensar en cópulas y multiplicar la ansiedad por cinco o seis mil, blablabla.


6 comentarios:

A través del espejo dijo...

Creo que capto del todo la energía que irradia este bloque cuadrado y sólido de frases copuladas y creo que así diciéndolo y poniéndolo por escrito, tú y ella, y ellos sabéis que lo comprendo y es que me pasa lo mismo.

Aunque con otras caderas.

Y otros pantalones.

Pero... en realidad, no.

mariajesusparadela dijo...

También a mi me gusta bailar incoherencias.

Liliana G. dijo...

Aaaaaah ¡qué ritmo endemoniado!
Si esto te generan sus caderas y su mirada, no quiero imaginarme lo que te genera ella enterita...

¡Muy bueno Fernando!

slirkjx... ya me resbalan los dedos a mí también :)

Besotes

Terapia de piso dijo...

No sólo es escritura automática sino eufórica.

Un abrazo, Fernando.

José Roberto Coppola

Rosa dijo...

Vaya, parece que al final ha sido una laaaaaaarga frase genial la que has conseguido.
Besos.

Anacostia dijo...

Me quise comprar esos imancitos con palabras en San Telmo y me los vendian como a 100 mangos!!!!Ah!!!

 
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