jueves, 2 de octubre de 2008

Tormenta (Kafkiana número 8)

Lo último que recuerdo fue la tormenta en la selva. Esa oscuridad y los monos gritando como jamás había oído gritar a un ser terrenal. También recuerdo que no era agradable estar hundido hasta las rodillas en ese barro viscoso y lleno de sanguijuelas por culpa del lunático designio de aquel que nos guiaba. Telas de araña tejidas de lianas, ojos de bestias -quién sabe de qué especie- que asomaban desde lo profundo, y, como realidad cercana y visible, sólo la espalda del que iba delante. Era lo más lejos que alcanzaban los sentidos. Es probable, no lo sé, que sólo hubieran transcurrido tres horas desde que, al alba, nos pusiéramos en marcha. Pero ese color negro que nos rodeaba era propio de las profundidades abisales del océano. No de la tierra firme.

Por eso, cuando cayó ese relámpago delante de nosotros, primero experimenté el alivio de recobrar la conciencia después de una pesadilla. Pero inmediatamente se desplomaron dos o tres y yo, aturdido y ciego, comencé a buscar entre los gritos alguna mano amiga que me sirviera de lazarillo. Cuando creí tocar lo que era una extremidad humana, me impulsé hacia adelante. Y desaparecí. Los gritos se callaron de golpe. Sólo quedó el mío.

Ahora soy un bebé y quisiera poder explicarle a nuestro guía que he encontrado lo que andaba buscando. Que no está tan loco como pensábamos y que esa fuente existe. Soy la prueba lactante. Aunque, ¿cuántas horas me quedan de vida, desnudo e indefenso en las tinieblas?


Más rayos y truenos en Mi matadero clandestino y Contraportada


9 comentarios:

contraportada dijo...

Qué miedo, no?
me recuerda a una novela, no recuerdo ahora el título, de un señor que en vez de hacerse viejo se hacía bebé y, claro, al final... desaparecía.
Espeluznante...

Qué surrealista estás últimamente!! :)

Como siempre, y apesar del retraso esta vez, me ha encantado la experiencia.

Besos

Sweetcide dijo...

"Desnudo e indefenso en las tinieblas". Tu eres el más cruel!

Me encanta lo de prueba lactante ;)

Cómo consigues que todas las frases y palabras que escribes suenen tan bien? envidia (sana) me das.

Molts petons

Diego dijo...

La vida al revés..., sí, yo también leí algo de eso una vez. Pero qué terrible morir bebé y además con conciencia. La vida al revés tendría sentido si pudiéramos ignorar la muerte, como los bebés, que sólo intuyen la vida. De otra manera, no dejamos de vivir una tragedia. Un abrazo.

Alphonsus dijo...

Pues yo entiendo el relato en sentido metafórico: La selva es el interior del utero, la tormenta cuando rompe aguas, y el rayo de luz es el alumbramiento al nacer... luego el bebé... No sé si lo he captado mal y tengo un cerebro pasado de rosca kafkiana, de todas formas la ambientación es muy buena, un saludo.

simalme dijo...

A lo mejor viene a rescatarte una pantera, como a Mowgli.

Madame Vaudeville dijo...

WOW!!
Me he quedado fascinada. Y coincido con Alphonsus de pleno. Había olvidado por qué admiraba sus letras, Fer. Besos grandes.

LILITH dijo...

Sorprendida gratamente por el final del cuento, me gustó hasta el escalofrío que provoca

Tristancio dijo...

Tal vez el texto del que hablan Contraportada y Diego sea "El viaje a la semilla", que va precisamente de volver al vientre materno, si es que esta kafkiana es interpretada como eso. Por mi parte, me quedo con el bebé que experimenta el nacer. ¿Hay metamorfosis más terrible que convertirse en habitante del mundo? me pregunto...

(Qué buenas que son estás Kafkianas).-

Saludos.-

manuel_h dijo...

Alleniano del todo, pero sin goma. Muy bueno

 
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