sábado, 2 de julio de 2011

Aire acondicionado


Ayer pusimos en marcha el aire acondicionado. Ya tocaba. Soy poco amante del viento artificial, me reseca los pulmones, la nariz, la boca y los párpados, y tiene que hacer un calor de veinte pares de gónadas para que me digne a poner el aire acondicionado. Éste ha sido el caso. Sólo cuando mi novia estaba experimentando los primeros síntomas de deshidratación y asfixia y comenzábamos a utilizar el sudor para regar nuestra pobre planta –por eso del ahorro– ambas –mi novia y mi planta– me sugirieron entre sollozos

Cariño, creo que ahora es el momento.

Y a regañadientes pulsé el botón. Empezó a oírse un ruido extraño. Es decir, más extraño que el mero aire saliendo de un aparato blanco colgado en la pared. Algo así como un centrifugado.

Algo no funciona.

Concluí con gran perspicacia. Así que pulsé otra vez el botón (que es tanto de ON como de OFF). Dos veces. Y el ruido cesó y luego volvió con más virulencia, si cabe. Súbitamente, antes de que me diera tiempo a hacer cualquier cosa, el aparato se desprendió de la pared y, con una violencia inusitada, cayó sobre la televisión de plasma, el DVD y el Home Cinema.

Pulsé el botón de nuevo, pero ya no pasó nada. El aparato de aire acondicionado había dejado un gran boquete sobre la pared y reposaba inerte sobre mis posesiones más caras. Mi novia se había refugiado detrás del sofá y todo estaba cubierto de un polvo naranja.

De repente, del agujero del aire acondicionado salió un señor muy pequeñito con pinta de contable y bajó tranquilamente, poniendo los pies primero sobre los restos de la televisión de plasma, después sobre los restos del DVD y, al final, sobre los restos del Home Cinema, se sacudió el traje y dijo lo siguiente:

Soy el genio del aire acondicionado. Te concedo tres deseos.

Por supuesto, no me lo creí –lo de los genios es cosa de cuentos– , y entre el calor y el cabreo que llevaba por el estropicio, simplemente lo maté de un golpe en la nuca y después lo tiré a la basura.

No me juzguen: ustedes habrían hecho lo mismo.


3 comentarios:

Cris dijo...

Te entiendo. Odio el calor pero odió aún más el aire acondicionado. Por alguna extraña razón, paso el mismo calor pero se me quedan los pies fríos...

Moyre dijo...

me gusta, el hombresito y entiendo el motivo de su asesinato...es un placer leerte.

Mirna dijo...

No soporto el calor. El frio me gusta mucho. Incluso prefiero los días de lluvia por sobre los de intenso calor. Cuando hace mucho calor, trato de quedarme en casa con el aire y viendo una peli en mi Smart TV

 
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