domingo, 9 de mayo de 2010

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Hoy me apetece asesinar a un lector.

Es esto de escribir en sótanos, que abre el apetito homicida.

Será el primer lector asesinado por un cuentista. Piensen que es una ocasión única, que más tarde se pondrá de moda, seguro, y los escritores rivalizarán entre ellos por ver cuántos lectores matan. Es tentador. Y no pienso sólo en los críticos.

Es ahora. Hoy es el momento extraordinario y deslumbrante, la noticia hiperbólica y sensacional que aparecerá en todas las portadas de las revistas, culturales o no.

Es una muerte romántica, ¿no creen? Olvídense de suicidios trágicos y perfumados con Chanel número cinco, avispados en Pozoblanco o accidentes en puentes parisinos. Doten de algo de glamour a su vulgar óbito.

No se apuren: dejaré un cadáver más que exquisito y concederé la inmortalidad de las letras. Todo un asesinato ilustrado, oigan, que se morirá estupendamente. Dotaré de un sufrimiento razonable y el humorismo necesario para espantar las horribles y habituales muecas de terror. De sangre, la justa; de gritos, los mínimos.

Sin desfiguraciones ni teatralidades accesorias.

Razón aquí.

Léanme mal si se animan.


7 comentarios:

Isabel dijo...

Uf ,difícil me lo pones si hay que leerte mal...
Muy original texto,sí señor...:-)
Si puedo elegir prefiero que me "envenenen" tus palabras... ;-)

Un abrazo.

Ernesto Ugarte dijo...

Muy bueno, che.
Saludos.

Athena dijo...

¿Hay que ofrecerse?

Buenos acabo de desaparecer, así que no se notaría mucho si además me literarioasesinas :o)

mariajesusparadela dijo...

¡Me has matado!

ixilik dijo...

Si es solo uno, yo prefiero que lo pongas ante mi notario. De esa forma, el debe de ser el primero en leerte lo dictado. Como hizo con mi hipoteca

Rosa dijo...

Oh, pero que te has convertido en un matón de la blogosfera??. Los Miami estarían orgullosos de ti.

Ánimo con tus asesinatos, yo de momento no me ofrezco. Lo siento.

Besos.

Alphonsus dijo...

No es la primera vez que matan las ideas, los politicos lo vienen haciendo desde tiempos ha. Nuestro presidente, sin ir más lejos, es prolífico, incluso lo hace lentamente, con saña (la pobreza es una lenta agonía). Al menos a tí te acoge cierta impunidad literaria.
Un saludo.

 
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