domingo, 11 de abril de 2010

Costumbres


Hacía tan bueno que la muerte se levantó no muy tarde y se sentó en una terraza a tomar el aperitivo. Se puso en la sombra - no iba a jugar ahora con la palidez nívea de su piel, sobre todo con la cantidad de cánceres que hay por ahí – y pidió una caña y unas bravas. Hoy los enfermos terminales tendrían que esperar.

Ah, qué bien se está, le comentó al camarero, que incluso la muerte puede sentirse bien y gozar de buen humor. Sonrió. Sí, sonrió, porque la muerte no tiene ese archiconocido aspecto de esqueleto impasible cubierto con un manto negro. Más bien tiene pinta de contable. A veces lleva gafas oscuras y gabardina, como mucho. Y de la guadaña, ni rastro, porque para tragedia, envejecer: no hace falta más atrezzo que el dolor, y una guadaña pesa bastante, a pesar de los adelantos de la técnica y de la fibra de carbono.

El camarero llegó con la caña y la muerte se quedó fascinada observando el destello de las gotas de agua en el vidrio, el crepitar de la espuma y ese amarillo envejecido de la cerveza maquillado por los rayos de sol. Cogió la copa con la mano derecha; el primer contacto con la humedad y el frío artificial le rejuvenecieron la piel, anticipando de manera eléctrica el futuro placer del líquido en los labios.

Bebió. Hacía tiempo que no sentía el lúpulo por las grietas del paladar y, maldita sea, lo vivió como el primer amor, como una magdalena proustiana, como el alivio del estornudo.

Y fue entonces cuando aquel estrépito hizo acto de presencia. Cientos de niños, adultos, viejos, tenoras, tibles, flabioles, tamboriles. Y el inconfundible estruendo de la gralla.

La muerte escondió la sonrisa y recuperó su famoso rictus de venganza. Si es que lo están pidiendo, pensó, y, bebiéndose la cerveza de un trago, se levantó con más sed de sangre que nunca.

Parece mentira que los mismos que inventaron el folklore se me quejen de las epidemias, dijo mientras hacía crujir los nudillos.


5 comentarios:

Fidel dijo...

Que bonito sería si pudiésemos comprender que la muerte no es el enemigo, sino un liberador capaz de concedernos todos nuestros sueños de forma eterna.
Un abrazo

Cris dijo...

jajajajaj! Es que a veces te ponen la cabeza como un bombo, tiene razón la muerte. jajaja, pobres...

Besos!

cleopatra dijo...

Terrible que la muerte actúe por venganza.

(Terrible que no sepamos cuál será nuestro destino de vivos...)

Un magnífico relato. Te felicito.

¡Beso!

ixilik dijo...

Leyendolo, yo que no hasta hace no mucho, fuí contable, adoro la VollDamm, tanto como odio a los niños.... me he sentido de muerte

alba dijo...

jajajaja

 
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