domingo, 12 de julio de 2009

Realidad (Clásico revisitado número 19)

Es por eso que los cuentos se acaban, porque si continuaran las perdices dejarían de ser perdices. Se tendría que publicar un anexo de consecuencias que desmontara toda la alegría del colofón, sin besos, inverosímiles felicidades y amor incondicional, y con todo el portazo de la realidad en los morros. La puta realidad, ésa que le había tocado.

Mientras trabajaba sólo se acordaba de los instintos. Hambre, sed y, sobre todo, cansancio. Ahora echaba de menos el tiempo de la rueca y del lecho bordado en oro y plata. Y del sueño. Hacía mucho que no dormía bien. En la cama hablaba y bailaba, se movía de forma epiléptica al ritmo de una música que ya tenía dentro, y se despertaba inquieta, con sudor entre los pechos y sin beso en los labios. En su cabeza, la misma pesadilla: estaba en ese cuarto con la anciana y se pinchaba el dedo una y otra vez. Al principio, como una caricia. Luego, con saña. Las manos acababan negras de aguijones y el hechizo no funcionaba.

Ahora querría maldiciones, zarzas, espinas y sueños de cien años que la alejaran del escenario, de la barra y de las miradas de aquellos hombres que la manchaban con sus amores de cartón piedra, con sus babas frías y ese tacto. El tacto era lo peor. Desde allí arriba se fijaba en los ojos, más rojos de cocaína que de lujuria, y les veía sacar la lengua de forma obscena, como si chuparan el filo de un cuchillo.

Y él, entre ellos. Su príncipe, que observaba el espectáculo desde uno de los sillones de la parte más oscura. La miraba con inquietud, señalándole los billetes de dólar que se habían caído al suelo. “Te quiero”, creyó verle vocalizar con esos mismos labios que la habían despertado a esta puta realidad en la que los cuentos se acaban y ella ya no duerme y sólo suda y sólo recoge desnuda billetes de dólar del suelo.


6 comentarios:

simalme dijo...

Así es la vida (de sol a sol, la luna nos deja más lugar a la imaginación)...

Djuna dijo...

recuerdo los abismos de los que hablan los libros... esos que hacen temblar hasta el mas insignificante insecto.

Svor dijo...

los cuentos felices los necesitamos como la religion, la fe y el cielo.

Malalua dijo...

Me uno al resto de comentarios: así es la vida... Unos tienen que sobrellevarla con más carga, mientras que otros son los que poseen el látigo de la caravana (y no dudan en usarlo).

Soberbio, como siempre.

AAN dijo...

De todas las brujas malas, la que más miedo me daba era la de la Bella Durmiente, que tenía cuernos y todo...

Reinvención agria. Ando entre viaje y viaje sin tiempo de nada... Espero que estés bien.

Besito fuerte, geniecillo

manuel_h dijo...

siendo él príncipe, alguien tenía que ganar el dinero de las lentejas. Debió de pensarlo al despertar con aquel beso tan medido.

 
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