El hombre de treinta años
No me he podido resistir a compartir este párrafo del libro que estoy leyendo:
"Tardé mucho tiempo en admitir que me había casado sólo por los demás, que el matrimonio no es algo que hagas por ti mismo. Uno se casa para poner nervioso a los amigos o para hacer feliz a sus padres, a veces por ambas cosas, a veces a la inversa. [...] Uno se casa exactamente igual que pasa el bachillerato o se saca el permiso de conducir: siempre procura adaptarse al mismo molde para ser normal, normal, NORMAL a cualquier precio. Al no poder estar por encima del resto del mundo, deseamos ser igual que todo el mundo por miedo a quedar por debajo. Y ésa es mejor manera de arruinar un amor verdadero".
Frédéric Beigbeder. El amor dura tres años
Y ahora añado:
"Sobre todo, he aprendido que, para ser feliz, hay que haber sido infeliz. Sin el aprendizaje del dolor, la felicidad no es sólida. El amor que dura tres años es el que no ha superado montañas o frecuentado los bajos fondos, el que ha sido servido en bandeja. El amor sólo dura si ambos saben lo que cuesta, y vale más pagar por anticipado, si no te arriesgas a tener que pagar la cuenta a posteriori. No hemos sido preparados para la felicidad porque no estamos preparados para el dolor. Hemos crecido en la religión de la comodidad. Tenemos que saber quiénes somos y a quién amamos. Tenemos que estar agotados para vivir una historia inagotable".






